Las mil y una vidas de Z
Nuestro espía favorito es visitado en la prisión por el cura poco antes de ser ejecutado.
—Arrepiéntete, hijo mío —le dice—. Es el momento de rogar a Dios por haberte dedicado a un oficio tan malo.
—No era tan malo, señor cura. Lo que pasa es que no me dejaban nunca trabajar a gusto.